Hepatitis: mitos y verdades

Ir a la Página Principal » Blog » Tendencias de temas de la salud » Hepatitis: mitos y verdades

A propósito del Día Mundial contra la Hepatitis, que se conmemora cada 28 de julio, compartimos algunos mitos y verdades sobre esta afección que presentan más de 325 millones de personas alrededor del mundo.
 
Lo primero que hay que saber sobre esta enfermedad viral, que se constituye en uno de los mayores desafíos para la salud pública mundial, es que tiene múltiples formas de manifestarse. En tal sentido, se debe hablar de las hepatitis víricas, cuyos tipos varían entre A, B, C, D y E; un grupo de enfermedades infecciosas que causan hepatopatías agudas y crónicas; afecciones que inflaman y lastiman el hígado, impidiendo el normal funcionamiento de este órgano vital.
 
De ese grupo de patologías, las hepatitis B y C son las que requieren mayor cuidado, en vista de que son las causantes de más de 1,4 millones de muertes al año en el mundo, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).  
 
Para preservar nuestra salud y contribuir a la creación de un entorno más saludable, es muy importante tomar conciencia sobre la hepatitis, conociendo información de valor respecto a esta patología que, tras ser contraída, puede no manifestar síntoma alguno durante un largo período de tiempo (años, e incluso décadas).


¿Mito o realidad?

 
Para conocer un poco más sobre la hepatitis, revisemos algunas creencias populares que existen acerca de esta enfermedad, y veamos cuáles son ciertas, cuáles no y cuáles dependen de ciertos factores.
 
  • “Muchas personas pueden tener hepatitis sin saberlo”.
Cierto. Según la OMS, el 95% de quienes presentan el virus desconocen que están infectados, puesto que, en la mayoría de los casos, la hepatitis suele ser asintomática. Por ello, las pruebas y el tratamiento oportunos de las hepatitis virales B y C, sobre todo, pueden llegar a salvar millones de vidas.
 
  • “Si tengo hepatitis, me va a dar cáncer hepático”.
Depende. Cerca del 60% de los casos de cáncer hepático son consecuencia de pruebas y tratamiento tardíos de la hepatitis B y C. Lo cual indica que, de darse el diagnóstico a tiempo y puesto en tratamiento al paciente, se puede evitar la aparición del cáncer como consecuencia de la hepatitis. Cada diagnóstico es particular y allí radica la importancia de los controles médicos.
 
  • “La hepatitis solo se transmite a través de relaciones sexuales”.
Falso. Aunque es cierto que los virus de la hepatitis B, C y D pueden transmitirse a través de la sangre y el semen, entre otros líquidos corporales, ello no aplica para la hepatitis A y E, cuya transmisión puede darse por la ingesta de agua insalubre o por mala higiene de los alimentos. Por ello debemos lavarnos bien las manos tras usar el baño, o luego de estar en contacto con sangre, heces o demás fluidos corporales que puedan estar infectados.  
 
  • “Puedo contraer hepatitis al estar cerca de alguien que la padece”.
Depende. Si bien la hepatitis puede transmitirse a una persona al entrar en contacto directo con alguien que la presente (tocando sus manos o manteniendo relaciones sexuales, entre otros), el solo compartir por cierto tiempo el mismo espacio con un paciente que tenga esta patología, no es un indicador de que otro resulte infectado por tal razón.
 
  • “Si ya tuve hepatitis, no volveré a contraerla”.
Depende. Hay que tener en cuenta que existen varios tipos de hepatitis y, en vista de ello, el que una persona haya padecido cierta clase de virus hepático no la exonera de la posibilidad de presentar en el futuro alguna de las otras clases de hepatitis.
 
  • “Hay hepatitis buenas y hepatitis malas”.
Falso. Es cierto que la hepatitis puede presentarse como infección aguda o crónica, sin embargo, todas las clases de hepatitis deben ser cuidadas y atendidas de forma oportuna para prevenir las complicaciones que derivan de estos virus que —en su totalidad—, de no ser tratados a tiempo, pueden ser letales para el ser humano.